Archive | mayo 2010

Decálogo del buen diseñador

Si alguno pretende dedicarse al diseño deberá tener bien en cuenta los siguientes mandamientos:

1. No beberás, ni fumarás, ni te drogarás.
Porque para ser creativo necesitas todo el cerebro que tienes.

2. No tendrás costumbres caras.
Si te interesa el dinero, mejor búscate otra profesión, el buen diseñador nace del talento, el empeño y mucho tiempo.

3. Soñarás y diseñarás, y soñarás y volverás a diseñar…
Ser diseñador no es un oficio con horario, sino una forma integral de vida.

4. No serás vanidoso.
No te tomes demasiado en serio, no trates de justificarte, no busques la fama y el éxito.

5. No serás modesto.
Nunca ha habido un buen arquitecto o diseñador que no intentara ser grande.

6. Pensarás en todo momento en los que son verdaderamente grandes.
Pueden servirte de modelo para encarar unas vivencias que suelen ser comunes al oficio. Si comprendes las técnicas de los maestros, tendrás mayor posibilidad de desarrollar la tuya.

7. No dejarás pasar ni un solo día sin analizar un diseño clásico.
Deberás visitar Ronchamp, el Pabellón de Mies en Barcelona, la casa de la cascada de Wright, conducir un “escarabajo”, sentarte en una Thonet o en una Cesca, estudiar el plano del metro de Londres…volver a Ronchamp…

8. No adorarás Londres, Nueva York, París.
No pierdas el tiempo en lo que está de moda, el estilo que triunfa, o qué cosas se publican o ganan concursos y premios. Sé auténtico estés donde estés, el talento lo llevas puesto.

9. Diseñarás para complacerte a ti mismo.
Sé fiel a lo que verdaderamente te interesa e importa. No intentes agradar a los demás, ni al profesor ni al cliente ni al periodista.

10. Serás difícil de complacer.
La mayoría de obras se notan inacabadas.
Proyectar empieza a ser emocionante cuando descartas la primera idea, cuando logras mejorarla, cuando elevas tu exigencia.

Stephen Vizinczey.  “Los diez mandamientos de un escritor” (Verdad y mentiras en la literatura, Seix Barral, 1989.)

Escucha tu subconsciente

La vida permanece sometida a una incesante metamorfosis, como un incómodo y eterno sueño que cada noche nos asalta pero nunca llega a completarse. La circunstancia… una idea o un término enmarañado, y con tanta fuerza que nos arrastra cuál poderosa corriente de algún río excitado por un entorno desequilibrado, inestable, carente…

El torrente circunstancial lo arrasa todo a su paso, la familia, los amigos… Ni siquiera el presente se sostiene ante su bravura eficaz. Como digo, la amistad, junto a tantas otras cosas, se diluye, y con ella se esfuma también la esencia innata que nos convierte en animales gregarios incapaces de comprender a la soledad cuando se nos presenta agitada, ansiosa… apretándonos el corazón, exprimiéndonos el jugo… el sentimiento.

Desde muy pequeño me mantuve voluntariamente atrapado en otra dimensión, quizá mi instinto más básico me protegía de aquellas situaciones que algunos de los de mi generación dotaban del adjetivo “guay” y que te otorgaban un extra de popularidad o grandeza, aunque en la mayoría de las ocasiones se trataran de actos estúpidos fruto de la difícil mezcla entre libertad y adolescencia.

Subconsciente
melomanías de oscar

Hoy, observando el pasado desde un alto, desde un suspiro entre las nubes, desde la pequeña distancia que me otorga mi breve experiencia… soy capaz de verme caminando, sólo, entre sueños a medio hacer y utópicas fantasías, entre dulces logros con rima consonante de versos pares, entre colores y libertades…

Al analizar el entorno me doy cuenta de que a ambos lados y hasta que alcanza la vista, divide el camino un cristal, que se empaña con la presencia de mi inspiración… prosigo mi viaje, mientras rozo con la última terminación nerviosa de la yema de mis dedos el frío vidrio, experimentando como la información viaja a través de mi mano, pasa por mi brazo, – el cuál se estremece al sentir un leve escalofrío – y avanza hasta llegar al cerebro que trata de procesar el por qué de la presencia de aquel cristal fronterizo.

Poco a poco fui cayendo en la cuenta de que al otro lado de la inmensa placa de vidrio se reproducían una y otra vez todos aquellos momentos en los que no estuve, en los que de forma consciente o inconsciente, no vi, no escuché… infinitos instantes en los que me sentí solo voluntaria o inconscientemente.

El viaje onírico, la quimera, el instante de evasión me descubrió una pieza más de mi individualidad por siempre incompleta. Tengo tanta rabia contenida que no me deja ver, porque odio el método, aborrezco el procedimiento para ser humano, tan incierto como doloroso, tan cruel como ineficaz. Lucho cada día por cambiar la regla, cambiar ese plan que la inmensa mayoría mantiene como si la vida fuese una disposición coordinada por rutinas infectadas por incalculables gérmenes.

“Mirar hacia nuestro interior es tan importante como mirar hacia fuera, ambos métodos nos ayudaran a evitar los obstáculos que pueden hacernos tropezar.”

A menudo lo esencial, es invisible a los ojos…

Mario de Andrade nos deleita con un poema que invita a la reflexión, descubre ante nuestros ojos la necesidad intrínseca de disfrutar de las cosas mas insignificantes, por que el tiempo corre siempre en nuestra contra. Por eso dedico este texto a todos los que no atravesáis vuestro mejor momento.

“Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora. Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas:

las primeras las comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocas,

comenzó a saborearlas profundamente.

Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos,

normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.

Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que

a pesar de su edad cronológica no han crecido.

Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.

No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.

No tolero a maniobreros y ventajeros.

Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces,

para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.

Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo.

Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.

Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.

Quiero la esencia, mi alma tiene prisa….

Sin muchas golosinas en el paquete…

Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.

Que sepa reír, de sus errores. Que no se envanezca, con sus triunfos.

Que no se considere electa, antes de hora.

Que no huya, de sus responsabilidades.

Que defienda, la dignidad humana.

Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.

Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.

Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas….

Gente a quien los golpes duros de la vida,

le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.

Sí…. tengo prisa… por vivir con la intensidad, que sólo la madurez puede dar.

Pretendo no desperdiciar parte alguna de las golosinas que me quedan…

Estoy seguro que serán más exquisitas, que las que hasta ahora he comido.

Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.

Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera llegarás..”


Mario de Andrade (Poeta, novelista y musicólogo brasileño)