En agradecimiento a Fernando Pessoa
Hace algunos días pude disfrutar de largos paseos por la ciudad de lisboa junto con mi pequeña familia. Embebimos nuestros ojos en el paisaje, en las calles, en el océano, entre tranvias y bicicletas, entre el pasado y el futuro, entre la tranquilidad y el estrés de una ciudad tan llena de historia.
Una noche, divagando entre las suaves notas del piano de Ludovico Einaudi, el destino me presentó a Fernando Pessoa, descubrí su “Libro del dasasosiego” y lo siguiente fue una tremenda sacudida de esas que tocan en lo más profundo. Fernando Pessoa, y su obra cargada de frustración, me recordó fragmentos de mí nunca olvidados y que me empujan, hoy y ahora, a escribir estas líneas cercanas a la orilla dramática del yo más íntimo.
Comparto muchos de los pensamientos que Fernando esparció en sus papeles, obras íntimas y complejas que le sirvieron de salvoconducto para evadirse de la rutina, de la comprensión profunda del estar sintiendo…
Resulta increible como Pessoa con una retórica elegante, sutíl y mordaz nos pone directamente en su lugar que, incluso para él mismo, es ciertamente incierto; nos conduce mediante un lenguaje extremadamente cuidado a través de sus reflexiones más íntimas, nos introduce en la oscuridad de su pesimismo más visceral, de sus sueños posibles e imposibles.
“No hay normas. Todos los hombres son excepciones a una regla que no existe…” Fernando Pessoa.


